sábado, 16 de febrero de 2013

Clear eyes — Capítulo 2.


Toqué dos veces en la gran puerta de madera de la entrada, hasta que finalmente un chico de aproximadamente veinticinco años de edad, abrió. Tenía unas trenzas bastante extrañas y peculiares y vestía normalmente; como un chico de su edad. Jeans no muy holgados, y la sudadera igual.

—Buenos días, soy la oficial de Policía María Coldman—Me presenté y estiré la mano, que al tiro la cogió correspondiendo educadamente al saludo.

—Thomas Kaulitz, pero dime Tom—Asentí y me dio paso a su casa. Era bonita, y al parecer vivía solo. La casa estaba desierta de ruidos o suciedad. Todo lo contrario de cómo debería ser el hogar de un solterón—.Toma asiento, vuelvo enseguida—Avisó, y me senté en unos de los sillones individuales blancos, que adornaban y ocupaban espacio en el recibidor, o sala de estar. Es lo mismo.

Mientras esperaba que él regresara, me dediqué a mirar su casa con detenimiento. Cuadros con personas de las cuales ninguna me parecía conocida, sólo su cara. Pinturas pequeñas, o algún que otro diploma de secundario, o quizás alguna carrera que él haya estudiado y ahora ejerce. No lo sé.

Al cabo de cinco minutos aproximadamente, él apareció nuevamente. Se sentó en el sillón frente a mí, y lo primero que vio fue las carpetas que sostenía en mis manos.

— ¿Qué es lo que sabes?—Le pregunté sin darle muchas vueltas al asunto; tenía otras cosas más importantes que hacer en la comisaría.

—No es lo que sé, es lo que creo que sé—Su respuesta me confundió demasiado— ¿Víctimas?—Señaló la carpeta con su índice. Asentí y se la pasé. La abrió, y fue mirando una por una las fotos, con sus correspondientes expedientes y detalles. Torció la boca luego de mirarlas todas, y me las devolvió.

— ¿Sabes algo?—Repetí, y me miró fijamente a los ojos.

—Hace más de cinco años que perdí el rastro de mi hermano. Nadie sabe dónde está, nadie lo vio marcharse—Justamente le iba a preguntar a qué venía este tema conmigo, pero pareció leerme la mente—. Siempre fue un obsesionado con los ojos claros. Él los encontraba encantadores y sumamente atractivos. Al día siguiente de decirme eso, desapareció—Fruncí el seño—. Sospecho de él ¿sabes?—Dijo frotándose las manos una contra la otra, con nervios.

—Dime sus datos completos—Saqué una libreta y un bolígrafo, esperando que me comenzara a decir sus datos.

—William Kaulitz Trumper, primero de Septiembre de 1989, actualmente tiene veintidós años…—Escribí rápidamente lo primero que me dictó. Seguido de eso me pasó el lugar de nacimiento, su número de DNI, y demás datos importantes.

—Intentaremos rastrearlos. Los aparatos modernos de hoy pueden con todo. A menos que se haya cambiado sus datos originales, daremos con él. Ahora dime, Thomas—cambié de tema, quería saber bien.

—Tom—corrigió él rápidamente.

—Lo siento, Tom—corregí—. Dime, ¿Por qué es que sospechas de tu hermano? Exceptuando su obsesión por los ojos claros, ¿por qué crees que podría llegar a ser él?—Pensó unos minutos.

—Un año antes de que desapareciera por completo de mi vida —explicó—actuaba raro conmigo, como queriendo distanciarse completamente. Llegó a tal punto de no mirarme en las cenas familiares, ni en ningún otro momento. Era extraño, y lo hizo hasta que al fin dejó de verme. Sólo se fue.

Tomé nota de todo lo que él me decía, quizás podría servir de algo, como quizás no. Continuó explicándome más a fondo acerca de eso, y finalmente dijo algo que me interesó, sólo un poco.

— ¿Vivía contigo, o en una casa individual?—Pregunté, para sacarme mis dudas.

—Vivía solo, con su perro Scotty. También se lo llevó con él. La casa hasta el día de hoy sigue abandonada, y lo más extraño es que sus cosas siguen tal y como él las dejó. Aparentemente sólo se llevó al perro y sus cosas más personales. No lo sé, sigo diciendo que es extraño—Se encogió de hombros.

Su actitud parecía relajada y…muy sospechosa.

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